MEXICO (Pulso) — Confirmado. La pelea estalló este 19 de julio en X.
Luis Felipe Calderón Zavala, hijo del expresidente, criticó que Claudia Sheinbaum asistiera a la final del Mundial 2026 en Nueva York. Señaló que no fue a ningún partido en México. Insinuó que evitó la rechifla.
Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, respondió. Primero ironizó sobre «estrechez de mente». Luego fue más lejos.
«Tu padre es el ser menos querido en México, quizás por eso su abuso de alcohol», escribió Hernández, según documentan ambas fuentes. Agregó acusaciones de haber «ensangrentado al país» y de «pactar con un cártel». Estas son imputaciones de Hernández, no afirmaciones verificadas por este medio.
Luis Felipe Calderón reviró. Afirmó que Sheinbaum es la primera jefa de Estado que no asiste a la inauguración del Mundial en su país desde 1938. Defendió la trayectoria académica de su padre: licenciatura en derecho y dos maestrías, una en el ITAM y otra en Harvard. Calificó a Hernández de «borrega de la calumnia». Señaló que ella carece de cédula profesional.
Sheinbaum justificó su viaje a Nueva York. Dijo que su presencia junto a Donald Trump y Mark Carney era «importante en términos diplomáticos» y muestra de «buena coordinación» entre los tres países sede.
Esto es lo que se sabe.
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El episodio merece lectura. Una funcionaria con cargo institucional —presidenta de la Comisión Electoral del partido gobernante— usó su plataforma para lanzar acusaciones personales graves contra un ex jefe de Estado. No fue un debate de ideas. Fue un ataque de tribuna.
Eso es lo que ofrece el aparato oficialista cuando alguien cuestiona a la presidenta: descalificación, no argumento. El libre intercambio de críticas es sano. Que quien ejerce un cargo orgánico del partido en el poder lo lidere desde la trinchera del insulto es otra cosa. El contribuyente mexicano merece funcionarios que rindan cuentas, no voceros de pelea callejera.


