BRASIL (Pulso) — BRASILIA. Confirmado. Flávio Bolsonaro movió fichas en la recta al balotaje del 25 de octubre.
El senador, del Partido Liberal, recibió en Goiânia el respaldo del exgobernador de Goiás, Ronaldo Caiado. También sumó el voto de Romeu Zema. Las gestiones incluyeron contactos con el Centrão, a través del coordinador de campaña, Rogério Marinho.
Marinho fue además recibido por Edson Fachin, presidente del Supremo Tribunal Federal. Allí llevó un mensaje de distensión. Dijo que un gobierno de Flávio no buscará revancha contra los magistrados. «Vamos a cumplir la Constitución y la ley», afirmó.
Pero también puso límites. «Venganza no significa omisión», advirtió. Añadió que, si un juez del Supremo comete un delito de responsabilidad, el Senado no se va a inhibir. Marinho denunció una «intervención continuada» de algunos jueces en la justicia electoral. También acusó a Flávio Dino y Alexandre de Moraes de actuar con «sesgo político evidente».
Del lado oficialista, Lula respondió con una ofensiva publicitaria más dura. Su campaña difundió piezas sobre el fin de la jornada «6x1», el aumento del salario mínimo y el reajuste de las jubilaciones. También lanzó un spot contra Flávio con el juego de palabras entre «entregas» y «entreguista».
El mensaje buscó activar el rechazo al rival. En el último sondeo Datafolha previo a la votación, ambos empataban en 45% de electores que no los votarían de ninguna manera.
La pulseada ya no es solo electoral. También pone en juego la relación entre poder político, Corte y gasto público. Flávio intenta mostrar orden institucional y sumar apoyos conservadores. Lula apuesta a blindar su base con más Estado, más beneficios y más miedo al ajuste.
Para el votante, el dilema es claro. O prevalece la promesa de reconstrucción con menor tensión con la Corte, o se profundiza una campaña donde el aparato estatal y la propaganda marcan el ritmo.