ARGENTINA (Pulso) — Nueva Jersey. España venció a Argentina en la final del Mundial 2026. El marcador y el juego fueron inapelables. España se consagra campeona.
Argentina nunca respiró con la pelota. Messi recibía rodeado. Los ataques se diluían antes de empezar. El plan de Scaloni —Nicolás González por Paredes, espacios para salir rápido— casi nunca pudo ejecutarse.
El quiebre llegó con la expulsión de Enzo Fernández. Desde ahí, Argentina solo pensó en resistir. Scaloni armó línea de cinco, retiró a Julián Álvarez y apostó a llegar a penales con Dibu Martínez como última carta.
Dibu atajó medio Mundial con un dedo fracturado. Tapó diez pelotas. La más importante: un tiro libre de Lamine Yamal en el último minuto del tiempo regular. Pero el equipo no pudo salvarlo a él.
Las bajas golpearon duro. Lisandro Martínez salió lesionado en el primer tiempo. Después cayó Cristian Romero. Sin sus dos zagueros titulares, la defensa sufrió. España impuso su juego con claridad creciente.
Leandro Paredes no arrancó de titular. Rodrigo de Paul fue sustituido. Lautaro Martínez no ingresó. Scaloni tendrá mucho que responder. Aunque la fuente señala que España no se impuso «únicamente por esas decisiones».
Nicolás Otamendi se despidió de la selección sobre el césped. Messi aún no comunicó qué hará con su futuro internacional.
Confirmado. Argentina no pateó al arco en toda la final. España, merecida campeona según la crónica, fue «el mejor equipo de la Copa».
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La imagen de Messi con los ojos llenos de lágrimas mientras España levantaba el trofeo resume el momento. Probablemente fue su último Mundial. Una generación histórica —la que ganó en Qatar— cierra su ciclo con una final alcanzada pero no conquistada. El fútbol argentino deberá reconstruirse sin la certeza de contar con ese liderazgo. El desafío ahora es institucional y deportivo: renovar sin excusas, con mérito y sin nostalgia paralizante.


