El peso colombiano es, según el análisis, la moneda más apreciada del planeta en los últimos doce meses. La Tasa Representativa del Mercado cayó a niveles no vistos en siete años.
La narrativa oficial atribuye el alza a méritos locales. Goldman Sachs revisó proyecciones y señaló el ajuste fiscal prometido —superior al 3 % del PIB— y un Banco de la República que sostiene la tasa en 12 %.
Pero el análisis advierte que esa lectura mira solo hacia adentro.
El carry manda desde afuera. Colombia es el tercer mayor carry entre monedas líquidas del mundo, detrás de Turquía y Brasil. Inversionistas de Nueva York y Tokio compran pesos por rendimiento, no por convicción fiscal. El apetito global muestra señales de euforia. El petróleo ya tocó techo. El euro exhibe señales de reversión: si cae, el dólar sube contra todas las emergentes.
El motor subterráneo. Según el exministro Andrés Arias, la economía ilegal amplifica el efecto. La ONU estima flujos ilícitos por cocaína de entre 1.200 y 2.600 millones de dólares al año. Colombia registra un récord histórico de 253.000 hectáreas de coca —dos terceras partes del cultivo mundial—. La erradicación se redujo drásticamente bajo la administración actual. Los integrantes de grupos armados ilegales crecieron cerca de 45 % desde mediados de 2022, según Reuters.
Concentración peligrosa. Un solo fondo, Pimco, llegó a concentrar cerca del 30 % de toda la deuda pública en manos extranjeras. En diciembre de 2025 el Gobierno le colocó unos 6.000 millones de dólares en bonos fuera de subasta. El peso negocia apenas 7.300 millones de dólares al día: moneda número 30 del mundo.
El análisis concluye que la misma delgadez del mercado que amplifica cada dólar que entra, amplificará cada dólar que salga.
Pulso Global subraya lo evidente: un peso sostenido por carry especulativo, derivados apalancados y narcodólares no es un logro de política económica. Es una trampa de liquidez disfrazada de éxito. El gobierno que llegue heredará esa factura, no el crédito. La libre empresa colombiana —exportadores de café, flores y petróleo que ya pierden competitividad— paga hoy el costo de una fortaleza que nadie construyó con fundamentos sólidos.


