ARGENTINA (Pulso) — Luciano Spena trabaja como nutricionista de la selección argentina de fútbol. También asesora a Las Leonas, el básquet y el vóley nacionales.
En entrevista con Perros de la Calle (Urbana Play), el especialista describió su enfoque. «A mí me toca ocupar un rol en donde a veces lo que gestionamos no es tanto el comer bien, sino cuándo comer mal», afirmó según la fuente.
La distinción es central en su metodología. Con deportistas de élite, dijo, la base educativa ya está construida. El trabajo pasa por identificar el momento preciso para permitir alimentos que, en términos fisiológicos estrictos, serían inapropiados.
El factor afectivo pesa. Los jugadores pasan entre seis y ocho meses fuera de Argentina, según Spena. El reencuentro con milanesas, asado o empanadas tiene impacto anímico, no solo nutricional. «También la necesitan esa felicidad de comer algo rico, es parte de lo anímico», señaló.
El equipo de cocina de la AFA colabora en ese proceso. Spena indicó que rotan los menús para «acercar a los chicos a Argentina» durante las concentraciones.
El nutricionista también advirtió sobre el riesgo de juzgar la dieta de un atleta sin contexto. «El problema es que se habla sin contexto», cuestionó. Agregó: «Comer se puede comer de todo. El tema es cuándo, cómo, de qué manera, enfocado hacia qué».
Fuera del fútbol, Spena dirige la carrera de Nutrición en la Universidad de Morón, según la fuente.
Pulso Global destaca el enfoque: en el alto rendimiento, la gestión inteligente supera al dogma restrictivo. La libertad individual —incluso para elegir qué comer— rinde más que el control burocrático del placer. Un principio que va más allá del deporte.


