VENEZUELA (Pulso) — El Ejército de Estados Unidos dio por concluida su misión de asistencia humanitaria en Venezuela. El Comando Sur confirmó el retiro de los últimos efectivos desplegados tras el doble terremoto.
La operación se activó después de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5. Golpearon principalmente los estados de La Guaira, Miranda y otras zonas del norte. El balance: más de 5.500 fallecidos, decenas de miles de heridos y destrucción masiva de viviendas, hospitales y escuelas.
Durante un mes, alrededor de 2.000 militares estadounidenses operaron en el terreno. Realizaron búsqueda y rescate, atención médica, distribución de alimentos y remoción de escombros. Ingenieros militares evaluaron edificios dañados y habilitaron rutas para el acceso humanitario.
Según las autoridades estadounidenses, el retiro responde al cumplimiento de los objetivos previstos. No implica el fin del apoyo, según el comunicado oficial. La asistencia continuará a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y programas de cooperación para la reconstrucción.
El régimen venezolano, según la fuente, agradeció la colaboración y destacó el trabajo conjunto con otras delegaciones internacionales. Miles de personas permanecen en refugios temporales mientras continúan las tareas de recuperación.
Lectura de la casa. La misión ilustra la capacidad operativa real del aparato militar estadounidense en respuesta a catástrofes. Frente a un régimen que históricamente rechazó la cooperación con Washington, el desastre abrió una ventana de colaboración pragmática. El resultado concreto —miles de atenciones médicas, toneladas de suministros, infraestructura habilitada— demuestra que la presencia americana generó valor tangible para la población civil. La continuidad vía USAID será la prueba de fuego: si el régimen mantiene el canal abierto, los venezolanos ganan. Si lo cierra, el costo lo pagan los damnificados, no Caracas.


