VENEZUELA (Pulso) — El buque anfibio estadounidense LPD San Antonio está apostado frente a La Guaira. Desde allí despliega hovercraft para distribuir ayuda humanitaria en Venezuela. Los vehículos llegan directamente a la playa. No necesitan puertos ni muelles.
La infraestructura costera venezolana está afectada por un desastre natural. Eso hace inoperables los métodos convencionales. Los hovercraft sortean ese obstáculo con precisión.
Cómo funcionan. Turbinas potentes generan un colchón de aire bajo el vehículo. Grandes faldones de goma contienen ese aire. El vehículo se desliza sobre agua, arena y otras superficies sin contacto rígido con el fondo. Según el analista Andrei Serbin Pont, eso les permite operar en cerca del 70% de las playas del mundo, frente al 15% accesible con embarcaciones tradicionales.
Cada unidad puede transportar un tanque Abrams de aproximadamente 70 toneladas, además de tropas, vehículos blindados y grandes volúmenes de suministros. El costo por unidad ronda los 150 millones de dólares, según Serbin Pont. Estados Unidos llegó a incorporar más de ochenta unidades para sus fuerzas anfibias.
La tecnología se desarrolló en el Reino Unido durante la década de 1950. El objetivo original era superar los límites de los desembarcos anfibios. Se perfeccionó durante la guerra de Vietnam y se consolidó entre los años 1970 y 1980. Rusia desarrolló modelos propios de mayor tamaño; China y Grecia adquirieron algunos de ellos posteriormente.
Los hovercraft tienen una vulnerabilidad crítica: dependen del colchón de aire para operar. Un daño en los faldones compromete el vehículo. «Si esos faldones no logran mantener el aire para hacer ese colchón, se te va a complicar mucho», advirtió Serbin Pont.
La operación frente a La Guaira muestra la capacidad de proyección logística de Washington sin depender de la infraestructura del Estado venezolano. Es la libre empresa militar aplicada a la asistencia: tecnología costosa, eficaz y soberana. El aparato estatal venezolano no controla el canal de distribución. Eso, para los venezolanos que reciben los suministros, marca una diferencia concreta.


