CUBA (Pulso) — La Habana, 26 jul. — Confirmado. Díaz-Canel comparó este domingo al Gobierno de EE.UU. con los nazis. Lo hizo en Pinar del Río, ante el acto oficial del 73 aniversario del asalto al Cuartel Moncada.
Según el gobernante, los funcionarios del Departamento de Estado son «una versión moderna de los redactores de edictos y bandos militares» de «las ocupaciones nazis en la II Guerra Mundial». Calificó la presión de Washington como «un genocidio fríamente calculado».
«Antes fueron Gaza, Líbano e Irán. Hoy es Cuba. Mañana puede ser cualquier otra nación», dijo Díaz-Canel, según el despacho de EFE recogido por Infobae y La Patilla.
El telón de fondo es sombrío. El propio gobernante reconoció que Cuba atraviesa «uno de los momentos más difíciles de su historia». Enumeró apagones «de más de un día» y deterioro general de la calidad de vida.
En ese contexto, presentó un paquete de 176 reformas. Su objetivo declarado: liberalizar, abrir al exterior y descentralizar la economía de planificación central. Expertos lo califican, según las fuentes, como el mayor plan de transformación económica desde 1959.
Al acto no asistió el expresidente Raúl Castro ni su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, persona de contacto oficiosa con Washington. Díaz-Canel no mencionó posibles diálogos con EE.UU. ni mostró disposición a negociar.
Las sanciones más recientes apuntan a las misiones médicas cubanas en el exterior. La Habana las llama solidaridad internacional. Washington las califica de esclavitud moderna.
Lectura editorial. La retórica nazi sirve a un propósito interno claro: desviar la atención de un fracaso sistémico. Seis décadas de economía estatista produjeron apagones, escasez y éxodo masivo; no sanciones externas. El régimen de partido único ahora anuncia 176 reformas de liberalización —admitiendo así que el modelo colectivista falló— mientras culpa al exterior de sus resultados.
La ausencia de Raúl Castro en el acto y el silencio sobre canales diplomáticos son señales que los analistas no deberían ignorar. Un régimen que necesita reformar su economía central, pero que cierra la puerta al diálogo, apuesta a sobrevivir con retórica. El costo lo pagan los cubanos con cortes de luz y libertades inexistentes.


