COLOMBIA (Pulso) — El presidente electo de Colombia, Abelardo De la Espriella, anunció el domingo que su investidura del 7 de agosto se realizará en Cali, capital del Valle del Cauca.
La decisión llega tras descartar Popayán. Según De la Espriella, «las condiciones climáticas derivadas de la actividad volcánica en el suroccidente del país» afectan la operación del aeropuerto de esa ciudad.
El mandatario electo solicitó formalmente a la Cámara de Representantes convocar la sesión en Cali. Argumentó que la medida garantiza «las condiciones necesarias para que haya un acto de posesión seguro, organizado y a la altura del significado que representa para Colombia».
La propuesta original era posesionarse en una guarnición militar de Popayán. Esa iniciativa recibió críticas por inconvenientes logísticos, de seguridad y de protocolo. También generó objeciones por el mensaje de subordinación del poder civil al militar, según reportó la agencia EFE.
De la Espriella reafirmó su compromiso: la posesión seguirá siendo «el homenaje que prometí a quienes durante décadas han defendido la libertad, la democracia y la institucionalidad». Añadió: «La seguridad volverá a ser la prioridad nacional».
La Constitución colombiana establece que la posesión presidencial debe realizarse ante el Congreso. Tradicionalmente ocurre en el Salón Elíptico del Capitolio o en la Plaza de Bolívar, en Bogotá. No hay antecedentes recientes de una ceremonia en ciudad distinta.
El gesto de De la Espriella —posesionarse en el suroccidente del país, zona históricamente castigada por el conflicto armado— tiene un peso simbólico claro. Honrar a las Fuerzas Militares desde el territorio que más las necesitó marca una ruptura con el ciclo Petro. Para Pulso Global, ese ángulo no es protocolo: es una declaración de prioridades. La seguridad como primer renglón del Estado es exactamente lo que Colombia requiere tras años de repliegue institucional frente a los grupos armados.


