COLOMBIA (Pulso) — Confirmado. Abelardo de la Espriella reiteró su promesa de campaña. No viajará al exterior durante sus cuatro años de mandato.
Lo dijo desde Ibagué, departamento del Tolima. «Yo me quedo en las regiones», declaró ante una plaza pública.
Mientras hablaba, una delegación colombiana asistía a la posesión de Keiko Fujimori en Perú. La encabezó el vicepresidente electo José Manuel Restrepo. También viajaron el canciller Omar Bula y el ministro designado de Comercio, Mauricio Gómez Amín.
Restrepo ya había liderado otra misión dos semanas antes. Esa agenda incluyó reuniones en Washington con el Banco Mundial, el Departamento de Estado, el Departamento del Tesoro, los departamentos de Comercio y Energía, el Congreso estadounidense y el sector privado. Participaron además el ministro designado de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, y el futuro canciller Bula.
Sobre ese viaje, Restrepo afirmó: «Colombia está de nuevo en el escenario internacional». Agregó que el comercio internacional, la inversión y la cooperación «siempre benefician a los actores más vulnerables».
Bula precisó el rumbo diplomático. «Este es el momento de definir el lugar que ocupará Colombia en el futuro», dijo. Mencionó la reconstrucción de vínculos con Estados Unidos e Israel y con «países afines».
De la Espriella planea despachar desde Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla. La promesa de no viajar fue bandera de campaña. El eje: austeridad y foco en los problemas nacionales.
Pulso Global observa el modelo con interés. Delegar la agenda exterior en el vicepresidente libera al ejecutivo para gobernar desde el territorio. Es una apuesta de bajo costo burocrático y alto mensaje político. Lo que importa ahora es el resultado: si las misiones de Restrepo traducen comercio real e inversión concreta, el esquema se justifica. Si se convierten en protocolo vacío, el costo lo pagará la credibilidad del nuevo gobierno.


