COLOMBIA (Pulso) — Abelardo de la Espriella se posesionó este viernes como presidente de Colombia. El acto duró casi tres horas. Fue el primero en la historia moderna realizado fuera de Bogotá.
El evento comenzó en el auditorio de una universidad privada. Llegaron delegaciones internacionales, congresistas y altos funcionarios del nuevo gobierno. El vicepresidente es José Manuel Restrepo.
Luego el presidente se trasladó al Batallón Pichincha, un histórico cantón militar. Desde allí pronunció su discurso de más de una hora. Solo estuvieron presentes escuadrones militares.
«La seguridad no se construye con concesiones al crimen, sino con autoridad y constancia», declaró. Ordenó de inmediato a las tropas confrontar a las estructuras criminales. «La opción del diálogo está completamente agotada», concluyó.
«Reafirmo mi intención de derrotar sin tregua al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales que amenazan la libertad de Colombia», agregó. Sus últimas palabras: «Que viva Cristo rey».
El presidente saliente, Gustavo Petro, no estuvo presente. Realizó un breve acto de salida de la Casa de Nariño por la mañana. Tampoco fueron invitados los expresidentes Ernesto Samper ni Juan Manuel Santos.
La ceremonia incluyó 28 minutos de oraciones de líderes religiosos. Participaron el Gran Rabino David Michaan, el pastor evangélico Eduardo Cañas y representantes de la Iglesia católica. Michaan cerró su intervención con un «viva Israel». De la Espriella ha dicho que moverá la embajada colombiana a Jerusalén.
Entre juramentos, subió al escenario Luis Felipe Yagüé, vendedor de panela de 74 años de Florencia, Caquetá. Se convirtió en símbolo del abelardismo durante la campaña. De la Espriella lo llamó «invitado especial» y «primer beneficiario» de uno de sus programas sociales.
Confirmado. Colombia cierra cuatro años de experimento petrista y abre una etapa de mano dura, alianza con Israel y respaldo explícito a la fuerza pública. El discurso en un batallón no fue un gesto vacío: fue la declaración de principios de un gobierno que entiende el orden como condición del mercado y la libertad. El libre empresa colombiano tiene, por primera vez en años, un interlocutor en el Palacio de Nariño.


