COLOMBIA (Pulso) — El presidente electo de Colombia, Abelardo De la Espriella, confirmó este lunes la eliminación del Comisionado para la Paz. También suprime otras consejerías y agencias vinculadas a la presidencia.
«Se acaba el Comisionado para la Paz, porque no habrá más procesos de falsa paz en mi gobierno», publicó De la Espriella en redes sociales.
El político se posesiona el próximo 7 de agosto. Desde Bucaramanga reafirmó su estilo: «Menos discursos y más ejecución. No soy un mercader de ilusiones; soy un empresario de realidades».
El politólogo colombiano Iván Garzón, académico de la Universidad Autónoma de Chile, analizó el anuncio para La Tercera. Lo describe como «una puesta en escena del juicio público de castigo al gobierno de Gustavo Petro».
Garzón reconoce el historial: entre 1990 y 2017, los procesos de paz sacaron cerca de 50.000 combatientes de la violencia. Pero señala el dato central del debate: la «paz total» de Petro «no logró la desmovilización de un solo hombre en armas» en casi cuatro años.
El analista describe un péndulo histórico. Pastrana negoció. Uribe aplicó salida militar. Santos negoció. Duque volvió a la vía militar. Petro negoció. Ahora De la Espriella opta por la salida militar.
Sobre el impacto regional, Garzón advierte tensión posible con Ecuador por la reanudación de la fumigación con glifosato en la frontera sur. Sin embargo, señala cercanía ideológica entre De la Espriella y Daniel Noboa. Con Venezuela, apunta que el ELN perdió retaguardia estratégica tras la intervención de Estados Unidos.
De la Espriella tiene facultades ejecutivas para impulsar la nueva política de seguridad sin necesidad de apoyo del Congreso, según el politólogo.
Lectura editorial. El fin del Comisionado para la Paz no es solo un recorte burocrático. Es el desmantelamiento de un aparato estatal que, según los propios datos, consumió cuatro años sin un solo resultado verificable en desmovilización. De la Espriella llega con un mandato claro: orden antes que proceso. El libre mercado y la inversión privada no prosperan en territorios donde el crimen organizado fija las reglas. Esa es la apuesta de fondo.


