COLOMBIA (Pulso) — Barranquilla — La adecuación de una casona neoclásica en la sede de la Segunda Brigada del Ejército desató una tormenta política en Colombia. El presidente electo Abelardo De La Espriella planea despachar desde allí, no desde la Casa de Nariño en Bogotá.
El mandatario salió al paso el 2 de agosto. «No se está construyendo un nuevo palacio», afirmó en redes sociales. «La edificación ya existía, tiene muchos años», añadió.
Desde el Pacto Histórico, la representante María Fernanda Carrascal fue directa. «Seremos el hazmerreír del mundo por 4 años», escribió en X. Llamó a De La Espriella «megalómano» y describió la sede como «la versión de la Casa Blanca en drywall».
La ex senadora María José Pizarro fue en la misma línea. «El mismo es una copia de Milei, Bukele, Trump… incluso hace una copia barata de la Casa Blanca», sostuvo según su cuenta oficial.
En redes circularon etiquetas como «la Casa Blanca de Temu» y «la Casa de Nariño de cartón». Los detractores interpretan el estilo neoclásico como exhibición de vanidad personal.
De La Espriella respondió con firmeza. «Su arquitectura neoclásica hace parte de un estilo presente en muchísimas edificaciones históricas de mi querida Barranquilla», dijo. Agregó que quienes comparan ambas sedes «desconocen que las dos responden al mismo lenguaje arquitectónico de una época».
El presidente electo encuadra la decisión como descentralización: redefinir la presencia del Poder Ejecutivo en las regiones.
Lectura de Pulso Global. El ataque de la izquierda colombiana apunta a la forma, no al fondo. Criticar la arquitectura de un edificio preexistente es esquivar el debate real: si descentralizar el gobierno hacia el Caribe reduce o amplía la burocracia bogotana. Que el Pacto Histórico, heredero de cuatro años de gasto público sin freno bajo Petro, hoy objete el costo de una remodelación resulta, cuando menos, llamativo. El ángulo estético es ruido. La pregunta que importa es si la sede alterna sirve al contribuyente o solo al símbolo.


