COLOMBIA (Pulso) — Abelardo de la Espriella recibió la banda presidencial colombiana tras cuatro años de gobierno de Petro. La herencia es pesada: economía deficitaria, sistema de salud en crisis y el peor pico de violencia de grupos armados en los últimos 20 años.
Bloqueo legislativo desde el día uno. Su agrupación Defensores de la Patria cuenta con apenas cuatro senadores y un representante a la Cámara. «El elemento central es la gobernabilidad», advirtió Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, en declaraciones a La Nación. Sin mayoría, De la Espriella deberá elegir entre gobernar por decreto o negociar.
Primera derrota parlamentaria. Honorio Henríquez, respaldado por el Centro Democrático de Álvaro Uribe, se impuso para la presidencia del Senado sobre Alfredo Deluque, el candidato del presidente. El uribismo dejó claro que su apoyo será evaluado caso por caso, sin alianza total.
Promesas ambiciosas, recursos escasos. En campaña, De la Espriella prometió reducir el gasto público en un 40%, eliminar unos 700.000 cargos del Estado y recuperar la seguridad en los primeros 90 días. También anunció construir diez megacárceles al estilo Bukele. Cumplir ese programa con una bancada mínima luce improbable.
Fuerzas militares desfinanciadas. La consultora María Alejandra Trujillo advirtió que el desfinanciamiento en Defensa «ha llevado a sacrificar la operatividad de las fuerzas militares y de la policía». Según la experta, el 50% de la flota aérea no está disponible por falta de mantenimiento.
Oposición organizada. Gustavo Petro y su aliado Iván Cepeda conducirán al Pacto Histórico desde el Congreso, según la fuente.
---
Pulso Global observa: De la Espriella llega con el mandato más claro que ha recibido la derecha colombiana en años. Los colombianos rechazaron en las urnas la «Paz Total» y el gasto desbordado de Petro. Pero la aritmética legislativa es implacable. El verdadero test no es el discurso de asunción; es si el nuevo gobierno logra traducir ese mandato popular en reformas concretas sin mayoría parlamentaria. El reloj de los 90 días ya corre.


