CUBA (Pulso) — El euro cerró este miércoles a 27,66 pesos cubanos, un alza del 0,09% frente al cierre anterior de 27,64. Volatilidad actual: 4,05%, según datos de Dow Jones.
El dato cambiario llega en un contexto de deterioro sostenido. Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo un 11%. En 2024, el PIB retrocedió un 1,1%, segundo año consecutivo de caída.
El Gobierno proyecta para 2026 un crecimiento del 1%. La misma meta no se cumplió el año anterior. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, advirtió que el país operará en «economía de guerra».
El déficit fiscal estimado para 2026 asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas. Cifra similar a la del año anterior.
La inflación cerró 2025 en 14,07% interanual. Para 2026, el Gobierno prevé reducirla al 10% en el mercado formal. Los problemas estructurales persisten: escasez de básicos, apagones, dolarización creciente y éxodo poblacional.
Las autoridades apuestan por turismo y servicios médicos de exportación para obtener divisas. También prometen un entorno «más dinámico y transparente» para la inversión extranjera.
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La aritmética es implacable. Un régimen que no cumplió su meta de crecimiento el año anterior ahora repite el mismo número como si la voluntad política bastara. El déficit fiscal no cede, la moneda se erosiona y la población vota con los pies: migración masiva como respuesta racional a décadas de economía dirigida.
La promesa de «mayor transparencia» para inversores suena hueca cuando el propio ministro habla de «economía de guerra». El libre mercado y la propiedad privada no son opciones que el aparato estatal cubano considere. Ese es el origen del problema, no su consecuencia.


