CUBA (Pulso) — La Habana, 11 de julio. Cinco años después del 11J, la dictadura cubana no afloja. Ajusta.
El disidente Manuel Cuesta Morúa fue subido a un vehículo de la seguridad del Estado el 20 de junio. Lo golpearon durante el trayecto. Lo dejaron tirado en un descampado. Le advirtieron que si su activismo dejaba al país en «indefensión» le «volarían la cabeza», según declaró a LA NACION todavía convaleciente.
Cuesta Morúa encabeza el Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC). Intentaba articular protestas dispersas cuando fue detenido.
«Lo que ha venido haciendo el régimen es perfeccionar esos mecanismos para evitar que las diversas protestas se conecten entre sí y reproduzcan el fenómeno del 11 de julio de 2021», afirmó el activista.
El Observatorio Cubano de Conflictos reportó 107 manifestaciones presenciales solo en junio. Las causas: apagones, escasez de alimentos e inseguridad ciudadana.
Otro caso documentado es el del humorista y youtuber Eddy Ceballos. Fue detenido bajo cargos de «espionaje». Su delito, según la fuente: difundir imágenes de una base militar soviética abandonada, visible para los vecinos del lugar.
La ONG Prisoners Defenders advirtió en un informe que «la prisión política, la vigilancia digital, la persecución de organizaciones independientes y el uso de delitos ambiguos o extremadamente graves muestran que Cuba se prepara para impedir o castigar cualquier nueva movilización ciudadana».
En febrero, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó la nueva ola de represión contra periodistas, defensores de derechos humanos, activistas y artistas.
Lectura editorial. El régimen no reprime por fuerza bruta solamente. Reprime con precisión quirúrgica: aísla focos, silencia articuladores, criminaliza la cámara de un youtuber. Es un aparato estatal que aprendió del susto del 11J y lo convirtió en manual operativo. Mientras la sociedad cubana enfrenta apagones y hambre, el partido único destina recursos a perfeccionar la vigilancia. El precio lo paga el ciudadano de a pie. Lo paga con golpes en un descampado.


