CUBA (Pulso) — La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó este sábado una caída parcial del Sistema Eléctrico Nacional. La falla ocurrió a las 18:07 hora local. Afectó a Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, La Habana y Matanzas.
Según la UNE, un disparo simultáneo en dos líneas de 220 kV causó la división del sistema. La empresa no precisó el tiempo de restablecimiento.
El episodio no es aislado. Desde comienzos de año, Cuba registró cinco cortes generalizados. Tres ocurrieron en julio, en menos de diez días. En La Habana, los apagones recientes superaron las 30 horas seguidas. En el interior, se extendieron varios días.
La infraestructura es el nudo central. El sistema depende de siete centrales térmicas con más de 40 años de funcionamiento. Los desperfectos son frecuentes. La escasez de combustible impide activar generadores de respaldo, que funcionan con diésel importado.
En enero, Washington impuso un bloqueo petrolero. Según el gobierno cubano, en los últimos siete meses Estados Unidos solo permitió la llegada de un buque ruso con 100.000 toneladas de petróleo. Las autoridades de La Habana atribuyen a esa restricción el agravamiento de la crisis energética.
El contexto político es directo: Donald Trump aplica una política de máxima presión sobre Cuba. Trump amenazó además con tomar el control de la isla, al considerar que representa una «amenaza extraordinaria» para la seguridad de su país.
Presionado, el régimen reacciona con reformas inéditas. A mediados de junio aprobó 176 medidas para incorporar mecanismos de mercado. El miércoles abrió al sector privado las estaciones de servicio, farmacias y energías renovables. El primer ministro Manuel Marrero informó ante el Parlamento que 110 medidas ya se aplican. Las restantes entrarán en vigencia en septiembre. Más de 100 actores no estatales fueron autorizados a comercializar combustible de forma mayorista.
Pulso Global observa lo evidente: décadas de gestión estatal destruyeron la infraestructura eléctrica. Ahora el régimen abre al mercado lo que el socialismo arruinó. La libre empresa llega no por convicción, sino por colapso. El contribuyente cubano —sin luz y sin voz— paga la factura.


