CUBA (Pulso) — Cuba registró en 2025 su mayor éxodo migratorio documentado. Según datos del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), 245.774 personas abandonaron la isla durante el año.
La Habana encabezó las salidas con 57.433 emigrantes. Le siguieron Santiago de Cuba, Holguín y Matanzas, según el mismo informe.
El detonante: apagones que en algunas provincias superaron las quince horas diarias. A eso se sumó escasez de alimentos, medicamentos y combustibles. El funcionamiento de hospitales y escuelas también se vio afectado.
El crecimiento natural de la población es negativo. Más muertes que nacimientos aceleran el envejecimiento demográfico. La salida masiva de jóvenes en edad laboral agrava el problema.
Las autoridades del régimen suspendieron eventos tradicionales en las últimas semanas. El motivo declarado: reducir el consumo de energía ante la fragilidad de la red eléctrica.
La caída del turismo, la reducción de divisas y la crisis del sistema eléctrico profundizaron los problemas estructurales, según el informe del Cedem.
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Los números del Cedem son un veredicto sin apelación. Casi un cuarto de millón de personas votaron con los pies contra el modelo de Díaz-Canel en un solo año. No huyen de un fenómeno climático ni de una guerra externa. Huyen de un aparato estatal que no puede garantizar luz, comida ni medicinas.
El envejecimiento acelerado y la fuga de mano de obra joven no son daños colaterales: son la consecuencia lógica de décadas de economía planificada, propiedad colectivizada y libertad suprimida. Ningún ajuste demográfico puede revertirse mientras el modelo que lo genera permanezca intacto.


