PARAGUAY (Pulso) — El Congreso de Paraguay repudió formalmente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. El motivo: sus declaraciones sobre la Guerra de la Triple Alianza.
La polémica estalló tras una visita de Lula a la empresa de defensa Avibras. Allí afirmó que Brasil debía mantener capacidad militar porque, según expresó, «un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil», antes de avanzar sobre Argentina y Uruguay.
La frase buscaba justificar un aumento de la inversión en defensa. Pero en Asunción encendió una reacción política inmediata.
La Cámara de Diputados aprobó la Declaración N.º 1836. El texto sostiene que las expresiones de Lula «distorsionan y minimizan la dimensión histórica de la Guerra de la Triple Alianza». También señala que omiten «el profundo sufrimiento humano soportado por el pueblo paraguayo».
El Senado repudió «enérgicamente» los dichos. Cuestionó que Lula presentara a Paraguay como el agresor exclusivo, sin mencionar la intervención del Imperio del Brasil en Uruguay como antecedente del conflicto.
El senador opositor Ignacio Iramain fue directo: «El presidente Lula tiene derecho a defender la seguridad de su país, pero no tiene derecho a usar la tragedia paraguaya para justificar armas».
Otros legisladores criticaron el silencio inicial de la Cancillería paraguaya ante los dichos del mandatario brasileño.
La resolución de Diputados también exhortó al gobierno de Santiago Peña a gestionar la restitución del llamado Cañón Cristiano. La pieza fue construida en 1866 con bronce de campanas donadas por ciudadanos paraguayos. Hoy está exhibida en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.
El Congreso sostuvo que esa restitución sería «un acto de justicia histórica».
Lectura editorial. El episodio expone un patrón recurrente en Lula: instrumentalizar la historia para justificar gasto estatal en defensa, sin reparar en el costo diplomático. Paraguay —que perdió una parte sustancial de su población en ese conflicto— no está dispuesto a ser utilizado como argumento retórico. Las tensiones se suman a los roces que Brasil ya mantiene con Argentina y Estados Unidos. Para Lula, un nuevo frente abierto en la región.


