Un columnista de La Prensa de Panamá publicó una reflexión sobre el recorrido de Argentina hasta la final del Mundial contra España.
Según el texto, los primeros «aliados» fueron los propios rivales. El autor señala que Cabo Verde, con apenas medio millón de habitantes, «le jugó de igual a igual al campeón del mundo» y aguantó hasta el minuto 111. Egipto, según el mismo artículo, «le atajó un penal a Messi, metió dos goles» y tuvo a Argentina «a diez minutos del final, con el 99% de probabilidades de dejarlos afuera». Contra Inglaterra, según el columnista, el gol llegó recién al minuto 85 y la remontada se completó siete minutos después.
El autor también atribuye parte del camino a la caída de favoritos. Según el texto, «Alemania, Brasil, Países Bajos y Francia perdieron contra equipos que, en los papeles, eran más débiles».
El tercer factor citado es el apoyo de los hinchas. «Somos locales en todas las canchas del mundo», escribe, y menciona banderas y camisetas albicelestes como constante en cada sede.
El cuarto factor, que el columnista califica como «lo más importante», es la identidad nacional. Lo define como «el orgullo de vestir la camiseta» y la capacidad de «seguir para adelante a pesar de la adversidad».
El autor revela además que nació en Argentina pero tiene pasaporte español y abuelo español. Afirma que su «pasión es albiceleste» aunque guarda «un cariño especial» por España. Escribe: «si al final es España la que levanta la copa... no me van a ver llorar de tristeza, me van a ver llorar de emoción».
Pulso Global reproduce el ángulo del columnista: las remontadas épicas forjan equipos que los trámites cómodos nunca forjan. Esa lógica vale más allá del fútbol. El mérito se prueba bajo presión, no en partido fácil.


