COLOMBIA (Pulso) — La economía colombiana perdió ritmo en julio. El Indicador de Seguimiento a la Economía, ISE, del Dane creció 1,11% anual en su serie original.
El dato contrasta con el avance de 4,29% registrado en mayo y de 3,41% en junio, según la revisión del Dane. En julio de 2025, el ISE había marcado 130,30. Un año después llegó a 131,74.
Las actividades primarias cayeron 3,72% anual y restaron 0,51 puntos porcentuales al resultado. Ahí están agricultura, ganadería, caza, silvicultura, pesca y explotación de minas y canteras.
Las actividades secundarias se contrajeron 2,29% frente a julio de 2025 y descontaron 0,28 puntos porcentuales. Ese bloque incluye industrias manufactureras y construcción.
Los servicios evitaron un resultado más débil. Las actividades terciarias crecieron 2,59% anual en julio. Dentro de ellas, el bloque de administración pública y defensa, educación, salud, actividades artísticas, entretenimiento y otros servicios subió 4,96% y aportó 1,36 puntos porcentuales.
También crecieron electricidad, gas, vapor y aire acondicionado; agua y gestión de residuos; comercio, transporte, almacenamiento, alojamiento y servicios de comida; y actividades inmobiliarias. En cambio, información y comunicaciones cayó 1,96%, y las actividades financieras y de seguros retrocedieron 0,87%.
En la medición mensual, el ISE avanzó 0,97% frente a junio, con ajuste estacional y de calendario. Pero las actividades primarias bajaron 0,50% y las secundarias, 0,07%.
Pese al frenazo de julio, el acumulado entre enero y julio de 2026 muestra un crecimiento de 2,62% frente al mismo periodo de 2025. El Dane advirtió que las cifras del ISE son preliminares y pueden revisarse.
La señal para la economía es clara. El motor productivo perdió tracción. Y cuando caen agricultura, minería, industria y construcción, el costo lo siente el empleo, la inversión y la actividad privada.
El dato también recuerda un problema de fondo: sin una base fuerte de producción de bienes, el crecimiento descansa más en servicios y aparato estatal. Eso limita la generación de riqueza sostenible.
Para el contribuyente y la empresa, el mensaje es incómodo. La recuperación sigue, pero con menos fuerza. Y eso exige menos burocracia, más inversión y reglas que no castiguen a los sectores que producen.



