COLOMBIA (Pulso) — Cada 7 de agosto, Colombia recuerda la Batalla de Boyacá. La victoria ocurrió en 1819, cerca del puente del mismo nombre, en el departamento de Boyacá.
El Ejército Libertador fue comandado por Simón Bolívar. Lo apoyaron Francisco de Paula Santander y José Antonio Anzoátegui. Enfrente estaban las fuerzas realistas del coronel José María Barreiro.
El triunfo patriota impidió el avance español hacia Santafé de Bogotá. Aceleró, según las fuentes, el proceso independentista en todo el territorio colombiano.
Los historiadores califican el enfrentamiento como el golpe definitivo al poder colonial en la Nueva Granada. La victoria aseguró el control político y militar de la región. Fue, además, un impulso para los movimientos emancipadores en otras naciones de América del Sur.
El 7 de agosto es festivo nacional inamovible. No se traslada a otro día de la semana, a diferencia de otros feriados. La jornada incluye actos cívicos, ceremonias oficiales y actividades educativas en distintas regiones.
La fecha también es el Día del Ejército Nacional. La institución realiza desfiles, homenajes y ceremonias en memoria de los soldados de la gesta independentista.
Además, los presidentes de Colombia inician su período constitucional el 7 de agosto. Eso refuerza su valor como jornada de renovaciónpolítica y memoria nacional.
Lectura editorial. La Batalla de Boyacá encarna lo que una nación puede lograr cuando defiende su soberanía con determinación militar y liderazgo claro. El Ejército colombiano hereda esa tradición. Hoy, cuando el país enfrenta desafíos al orden institucional y a la seguridad ciudadana, la conmemoración cobra un significado que va más allá del protocolo: recuerda que la libertad se gana y se sostiene, no se decreta.


