VENEZUELA (Pulso) — Marshall S. Billingslea, exsubsecretario de Financiación del Terrorismo del Departamento del Tesoro de EE.UU., salió al paso esta semana. Rechazó las bromas que circulan en redes sobre el cambio físico de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
El motivo: cuentas en X comenzaron a llamar «dieta Maduro» a la aparente pérdida de peso de la pareja. Billingslea lo desaconsejó con firmeza.
«Baratea un término que se refiere propiamente al uso deliberado del hambre como herramienta de control social por parte del régimen», escribió, según recoge El Nacional.
El exfuncionario precisó las cifras. Indicó que los detenidos reciben «~2.600-2.800 kilocalorías al día» con comidas que, según él, «no se parecen en nada a la basura que Alex Saab metía en las cajas CLAP».
Billingslea contrapuso ese menú con el colapso nutricional que sufrió la población venezolana bajo las políticas del gobierno de Maduro. Subrayó que la dieta carcelaria estadounidense cumple estándares internacionales.
Sobre la pérdida de peso visible, fue directo: «Si se ven más delgados, es porque los tiranos bailarines de salsa necesitaban perder peso».
El exsubsecretario instó a mantener el foco en las consecuencias políticas del régimen, no en sátiras superficiales. Reiteró que la privación de alimentos a la sociedad civil es un problema estructural grave.
Lectura editorial. El contraste que traza Billingslea es revelador. Mientras millones de venezolanos padecieron hambre por diseño estatal —cajas CLAP incluidas—, los responsables de ese aparato reciben hoy atención médica y nutrición garantizada por el Estado de derecho que siempre despreciaron. La ironía no necesita adorno. Lo que sí necesita la opinión pública es no perder de vista el fondo: no es la dieta de dos individuos lo que importa, sino el colapso institucional que empobреció a todo un país.


