MÉXICO (Pulso) — Confirmado. El alcalde de Temoac, Morelos, Valentín Lavín, fue asesinado a balazos dentro del ayuntamiento municipal. La fiscalía de Morelos informó que expertos forenses y policías investigadores encontraron «el cuerpo sin vida en el interior de las instalaciones de la presidencia municipal».
Lavín era aliado del partido de la presidenta Claudia Sheinbaum. Según medios locales, ya había sobrevivido a un atentado con arma de fuego en enero pasado.
Autoridades desplegaron un operativo en la zona. El objetivo: detener a los responsables. La fiscalía estatal confirmó el operativo sin detallar avances.
Morelos colinda con Ciudad de México y con Guerrero, uno de los estados más violentos del país. Varias bandas narcotraficantes operan en la región.
México registra casi un centenar de asesinatos de alcaldes desde 2006, cuando se disparó la violencia ligada al narcotráfico. En noviembre pasado, Carlos Manzo, alcalde en la región aguacatera de Michoacán, fue asesinado a balazos durante el Día de Muertos.
En desarrollo.
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El patrón es brutal y sostenido. Un funcionario electo muere dentro de su propio edificio de gobierno. No en una carretera, no en un acto público: en su despacho. Eso mide el nivel de impunidad y la penetración del crimen organizado en el aparato institucional mexicano.
El gobierno de Sheinbaum hereda —y hasta ahora no revierte— una espiral que lleva casi dos décadas y cerca de cien alcaldes asesinados. Mientras el Estado no recupere el monopolio legítimo de la fuerza, cada elección municipal en zonas de conflicto equivale a una sentencia de riesgo para quien gane.


