ARGENTINA (Pulso) — Ricardo Clarke lleva 20 años al frente de su empresa textil en Noruega. Este año recibió el Premio Empresa 2024 del Grupo Texcon Norge, que agrupa unas 560 firmas textiles independientes del país.
El reconocimiento llega en pleno Mundial. Clarke describió las celebraciones en Oslo tras los triunfos de Noruega: «Entre 100 mil y 120 mil personas festejando sin disturbios, ni un papel y botellas en las calles». Los municipios, según relató, no necesitaron movilizar empleados para limpiar.
Nacido en Trelew, Clarke llegó a Noruega en 1986, a los 32 años, tras casarse con Merete, una noruega que conoció en Mallorca. Se instaló en Bodø, ciudad capital de la provincia de Nordland, con 50.185 habitantes y ubicada al norte del círculo polar ártico.
Dos escenas en el aeropuerto marcaron su llegada. Vio a ministros y parlamentarios noruegos haciendo fila común para abordar un vuelo. Luego observó a los reyes y al primer ministro ingresar al avión entre el resto de los pasajeros. Años después, un amigo ministro le explicó: «Son ustedes, los ciudadanos, los que pagan nuestros pasajes mediante sus impuestos. ¿Por qué debería tomar un vuelo privado?».
«Estas dos situaciones resumen la esencia, el alma y la médula del pueblo noruego», reflexiona Clarke.
En fútbol, su lealtad no se divide: «La camiseta celeste y blanca no se negocia», afirmó.
El caso Clarke ilumina un principio que Pulso Global considera central: cuando el funcionario se sabe servidor del contribuyente —y no al revés— la cultura pública cambia de raíz. Sin decretos ni campañas, los noruegos recogen su basura y sus gobernantes viajan en clase turista. El contraste con el caudillismo y el despilfarro estatal que Clarke dejó atrás en Argentina no requiere mayor comentario.


