ARGENTINA (Pulso) — Lionel Scaloni fue claro. «Es un partido de fútbol, no busquemos otra cosa», advirtió el técnico. Pero la historia manda.
Todo comenzó el 14 de mayo de 1953. Argentina venció a Inglaterra 3 a 1 en River. Más de 80 mil espectadores, según las crónicas. El presidente Perón estuvo en el palco. El gobierno celebró: «Ya nacionalizamos los ferrocarriles, ahora nacionalizamos el fútbol».
El gol de Ernesto Grillo, ídolo de Independiente, fue bautizado «el Gol imposible». La AFA, conducida por Valentín Suárez —colaborador estrecho de la Fundación Eva Perón—, declaró el 14 de mayo Día del Futbolista.
La prensa londinense no lo vio igual. The Times calificó el encuentro como «un carnaval de propaganda» al servicio del fervor nacionalista peronista. El enviado del Daily Mirror, Bob Ferrier, escribió que Inglaterra «quedó en ridículo ante estos pequeños hombres morenos de la pampa». La FIFA tardó años en reconocer el partido como oficial.
En 2020, la AFA de Claudio «Chiqui» Tapia —también cercano al gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, según la fuente— cambió la fecha y el gol. El Día del Futbolista se trasladó al 22 de junio para evocar el «gol del siglo» de Maradona en México 1986. El primer gol de ese partido —el de la mano— fue sacralizado con plus antibritánico.
El rival siempre fue el mismo: Inglaterra.
Hoy se disputa el partido número catorce entre ambas selecciones. Scaloni optó por el pragmatismo. Bien hecho.
Pulso Global lo subraya: el fútbol es libre empresa del talento, no tribuna del Estado. Cuando el aparato oficial convierte un resultado deportivo en relato de soberanía, el beneficiario no es el hincha: es el gobierno de turno. Perón lo entendió en 1953. Sus herederos políticos lo repitieron en 2020. Que Scaloni se niegue a ese juego es, en sí mismo, una señal de salud institucional.


