ARGENTINA (Pulso) — Brasil redujo el nivel diplomático bilateral. El canciller brasileño Mauro Vieira convocó al embajador argentino Daniel Raimondi. Le comunicó que la representación quedará limitada al nivel de encargados de negocios.
La medida llegó tras las críticas del presidente Javier Milei contra Lula. Milei ratificó sus señalamientos sobre condenas por corrupción y lavado de dinero, «posteriormente anuladas por cuestiones procesales y de competencia judicial», según la fuente oficial.
Buenos Aires respondió sin represalia equivalente. El Ministerio de Relaciones Exteriores publicó un comunicado. Texto literal: «La República Argentina toma nota de la decisión adoptada unilateralmente por el Gobierno de la República Federativa del Brasil, y lamenta su decisión de continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas».
Cancillería recordó un principio de conducta. Argentina nunca convirtió diferencias políticas previas en incidentes diplomáticos. «Nunca respondimos a una diferencia política con una medida institucional», remarcó el Palacio San Martín.
El comunicado también advirtió sobre los intereses en juego. Argentina y Brasil son los principales socios comerciales dentro del Mercosur. Cualquier escalada puede afectar vínculos que superan a los gobiernos actuales.
Cierre del comunicado oficial: «La política exterior argentina continuará guiándose exclusivamente por la defensa del interés nacional, la soberanía y el mandato conferido por el pueblo argentino».
Desde Pulso Global: la conducta de Brasilia expone una tendencia conocida. El aparato estatal usado como arma ante críticas incómodas. Buenos Aires eligió el camino inverso: sostener el principio sin ceder al chantaje diplomático. Los contribuyentes y empresas de ambos países pagan el costo de una crisis fabricada por cálculo electoral. El libre comercio dentro del Mercosur no debería quedar rehén de las necesidades políticas de ningún mandatario.


