ARGENTINA (Pulso) — El Gobierno argentino firmó un nuevo Memorando de Entendimiento sobre Servicios Aéreos con Bolivia. Es el acuerdo número 63 en el marco de la política de Cielos Abiertos.
El cambio central: elimina el esquema de frecuencias limitadas vigente hasta ahora. Hasta la firma, los operadores debían ajustarse a cupos fijos de vuelos semanales. Eso limitaba la respuesta ante picos de demanda estacional o comercial.
A partir del nuevo texto, cada aerolínea define libremente la cantidad de vuelos según la demanda real y las condiciones del mercado. Sin techos administrativos previos.
El acuerdo también liberaliza las operaciones no regulares, incluidas las de carga exclusiva. Permite vuelos específicos de mercancías sin sujeción a itinerarios regulares de pasajeros. Un punto clave para sectores con necesidades logísticas puntuales.
Se habilitan además acuerdos de código compartido con líneas aéreas de terceros países. Y se amplían las libertades operativas para el transporte combinado de carga y pasajeros en una misma aeronave.
El texto también prevé negociaciones para reemplazar el Acuerdo de Servicios Aéreos vigente desde 1966, considerado desactualizado frente al crecimiento del tráfico regional.
A mediados de julio, Argentina ya había firmado junto a Brasil, Chile y Paraguay un memorando para construir progresivamente un Cielo Único Sudamericano. Ese entendimiento contempla el reconocimiento recíproco de todas las libertades del aire definidas por la Organización de Aviación Civil Internacional, incluida la novena libertad, que habilitaría el cabotaje pleno entre los países firmantes.
Lectura editorial. Cada acuerdo de Cielos Abiertos es una derrota concreta de la burocracia sobre el mercado. Cupos fijos de vuelos no protegen a nadie: encarecen pasajes, frenan el comercio exterior y reservan rutas para operadores con contactos, no con eficiencia. La desregulación aérea que avanza desde Buenos Aires demuestra que abrir mercados y eliminar techos administrativos genera más conectividad, más competencia y mejores condiciones para el turismo y la logística regional. El modelo es replicable. La pregunta es cuántos países de la región seguirán el ejemplo.


