BRASIL (Pulso) — Estados Unidos impondrá aranceles del 25% a Brasil a partir del 22 de julio. La medida afecta más de 11.000 millones de dólares en exportaciones industriales y agrícolas, según Amcham Brasil.
La Oficina del Representante Comercial (USTR) concluyó que «varias prácticas de Brasil eran irrazonables y discriminatorias». El representante Jamieson Greer dijo que la tarifa busca «corregir prácticas comerciales desleales». EU se declaró abierto a negociar.
Quedan exentos café, carne de vacuno y algunos derivados del etanol. El etanol sí estará sujeto a los nuevos aranceles. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) advirtió que 20 de los 27 estados brasileños ya registraron caída de exportaciones hacia EU en el primer semestre.
El senador Flavio Bolsonaro viajó a EU a comienzos de julio para oponerse a los aranceles. Argumentó ante la USTR que la medida «recompensaría precisamente a quienes buscan castigar». Su presentación fue aparentemente desestimada.
El economista Dan Pan, de Standard Chartered Bank en Nueva York, señaló que el viaje de Flavio «no evitó este resultado» y que podría darle a Lula «más argumentos para atacarlo». La campaña de Lula planea usar el eslogan «TariFlávio» para vincular los aranceles con su rival, según una fuente involucrada en la estrategia.
El real brasileño abrió a la baja tras el anuncio, en línea con otras monedas emergentes. Los mercados, en general, reaccionaron con relativa calma.
Confirmado. El dato central es este: una política comercial legítima —corregir prácticas desleales que perjudican a exportadores estadounidenses— termina siendo instrumentalizada por el aparato político de Lula. El libre comercio exige reciprocidad; Brasil tiene deudas reales en ese frente. Pero cuando la respuesta arancelaria fortalece al candidato que menos garantías ofrece al libre mercado y a la inversión privada, la herramienta pierde eficacia. Washington debería ponderar si el costo político de este movimiento supera el beneficio comercial.


