COLOMBIA (Pulso) — Colombia tiene nuevo presidente. Abelardo de la Espriella juró el cargo este viernes para el periodo 2026-2030. La ceremonia se realizó en el arena USC de Cali. Razones de logística y seguridad explican el cambio de sede.
Antes del acto, De la Espriella se reunió con Javier Milei y con el político chileno José Antonio Kast, según la fuente. La ceremonia contó con la presencia de los expresidentes César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque. También asistió el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
El mandatario saliente, Gustavo Petro, habló horas antes. Dijo que «el mandato popular se respeta». Los lazos entre el gobierno saliente y el entrante están rotos, según reportes.
De la Espriella nació en Bogotá el 31 de julio de 1978. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda. Fundó su bufete en 2002. Su firma creció con la defensa de políticos investigados por «parapolítica». Pasó de facturar 11 millones de pesos colombianos a 2.000 millones. «La parapolítica es un excelente nicho de trabajo», declaró entonces a Semana.
Entre 2013 y 2019 representó a Álex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro y hoy procesado en Estados Unidos por lavado de dinero y sobornos. De la Espriella ha declarado que aconsejó a su cliente cooperar con agencias estadounidenses y que fue engañado sobre sus vínculos con el régimen venezolano.
Creó el movimiento Defensores de la Patria el 5 de agosto de 2025. Menos de un año después ganó la presidencia con casi 13 millones de votos, según el órgano electoral colombiano.
Tras su victoria declaró: «A los narcotraficantes, a los terroristas, los secuestradores, a los extorsionistas, a los corruptos que se roban los recursos del pueblo, les notifico esta noche que Colombia vuelve a tener gobierno».
Pulso Global observa: el ascenso de De la Espriella cierra cuatro años de un gobierno que expandió el aparato estatal y deterioró la seguridad. Su perfil —abogado, empresario, outsider— responde a un electorado que exige orden y crecimiento. El reto es convertir el mandato en política concreta. Colombia no puede permitirse otro ciclo perdido.


