COLOMBIA (Pulso) — La Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare) confirmó 23 incendios de cobertura vegetal en el Oriente antioqueño. El detonante: las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño.
Las emergencias golpean nueve municipios. Concepción, El Peñol, Guatapé, Marinilla, Abejorral, Sonsón, San Vicente Ferrer, El Santuario y El Carmen de Viboral concentran los focos activos.
Las llamas no distinguen ecosistemas. Bosques nativos, rastrojos, pastizales, cultivos y plantaciones forestales han resultado afectados, según el reporte oficial.
El impacto ya alcanza el agua. En Concepción, un nacimiento hídrico del que dependen alrededor de diez familias sufrió daños directos por las llamas.
Cornare advierte que cada incendio deteriora suelos, reduce disponibilidad de agua y crea condiciones para nuevos focos. El ciclo se retroalimenta.
Diana Henao García, directora general (e) de Cornare, fue directa: «En las condiciones actuales no se deben realizar quemas a cielo abierto ni quemas controladas, porque cualquier descuido puede desencadenar un incendio de grandes proporciones».
La corporación ya había emitido alerta preventiva semanas antes del escalamiento. Aun así, los focos se multiplicaron. Cornare refuerza ahora su Brigada Forestal del Oriente —certificada por la Dirección Nacional de Bomberos— y entrega equipos a cuerpos de bomberos municipales.
Las recomendaciones institucionales son claras: prohibición de quemas a cielo abierto, evitar pólvora y globos en zonas forestales, y reporte inmediato de cada emergencia.
El cuadro es preocupante. La temporada seca aún no termina, y la capacidad de respuesta del aparato institucional enfrenta una prueba de resistencia real. Las familias rurales y los ecosistemas que sostienen su economía pagan el costo más alto. La coordinación entre municipios y organismos de socorro no es opcional: es la única variable que puede frenar el avance del fuego.


