ARGENTINA (Pulso) — Confirmado. Patricia Bullrich volvió a desmarcarse del Gobierno. Lo hizo tras los últimos cortocircuitos entre la Casa Rosada y Diputados.
La exministra de Seguridad fue presentada como titular de LLA en el Senado. Sus movimientos abrieron un frente colateral. Es el tercero de peso desde que asumió esa tarea, según la nota.
Su reclamo llegó después del ingreso del Presupuesto a última hora del martes. Ese giro desarmó un borrador oficialista. El texto oficial derogaba una serie de artículos clave de la prórroga en discapacidad.
El punto más fuerte para aliados y prestadores era otro. El texto eliminaba la actualización obligatoria, automática y mensual de los pagos a prestadores según el índice de IPC.
La jugada silenciosa le explotó a Martín Menem. También dejó en desconcierto a Silvana Giudici y Laura Rodríguez Machado. El sector prestador marcó en el plenario la crisis que atraviesa la actividad.
En ese marco, Bullrich insiste en marcar diferencias. Su entorno repite que no hay quiebre con la Casa Rosada ni con Karina Milei. Pero el ruido político ya está instalado.
Los números también pesan. En el último sondeo de la consultora, la imagen positiva de la senadora, en el orden del 39%, condice con la de Milei. Algunas consultoras agregan que su diferencial es mejor que el del mandatario.
Shila Vilker dijo que Bullrich busca «marcar algo del orden de la autonomía». También advirtió que el Gobierno no puede darse el lujo de perder ni un punto.
Cercanos a la senadora señalan que está cuidando un electorado propio que no se siente atraído por Milei. También dicen que su lógica es nacional, no porteña.
Por ahora, no se trataría de una candidatura propia que implique un rompimiento real con LLA. Pero sí de una apuesta a llegar con peso propio a una eventual fórmula con Milei.
En el cierre, el dato político es claro. Bullrich presiona desde adentro y obliga al oficialismo a convivir con una autonomía incómoda. Para el poder, eso significa menos disciplina y más costo de negociación.
También deja otra señal. Cuando una dirigente mide cerca del Presidente y cuida su base, el margen del Gobierno se achica. La disputa ya no es retórica. Es poder real dentro del aparato oficial.



