CHILE (Pulso) — El canciller Francisco Pérez Mackenna evitó este jueves aclarar bajo qué criterios se evaluaría una eventual nota de protesta contra el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd.
La duda surgió luego de que Judd condicionara el apoyo de su país a la soberanía chilena sobre el estrecho de Magallanes.
Pérez Mackenna respondió que «el estrecho de Magallanes fue, es y será siempre chileno». Añadió que «la integridad territorial no es transaccional».
También dijo que Chile «siempre va a defender su soberanía». Y remarcó que llevan «más de 200 años de independencia» y que están preparados para defenderla.
Consultado sobre si su conversación previa con el embajador había sido suficiente, el canciller insistió en que la Cancillería está para defender la soberanía «bajo todo punto de vista y bajo toda circunstancia».
La señal política deja una pregunta abierta. Si el Gobierno no fija criterios claros, la diplomacia queda en zona gris. Y en esa ambigüedad pierde fuerza el resguardo institucional.
El episodio también expone un punto de fondo. La soberanía no admite cálculo opaco ni respuestas improvisadas. Cuando el Estado habla con ambigüedad, gana espacio la presión externa y pierde certeza el país.