GUATEMALA (Pulso) — Un integrante del Ejército de Guatemala falleció tras recibir un disparo en la cabeza.
El hecho ocurrió el 8 de octubre en la elevación 3 mil, en El Tumbador, San Marcos. Según las autoridades, el tiro fue efectuado por un francotirador durante tareas de seguridad en la zona.
Henry Sáenz, ministro de la Defensa Nacional, confirmó el deceso en La Ronda. Dijo que el efectivo militar permanecía apostado entre comunidades en conflicto cuando recibió el impacto desde otra posición.
«Lastimosamente hoy el Ejército de Guatemala está de luto porque un francotirador, desde otra posición, disparó a las posiciones militares e impactó en la cabeza del soldado, dejándolo fallecido inmediatamente», declaró Sáenz.
El ministro añadió que calificó al atacante como francotirador por la distancia y la precisión del disparo. También dijo que el Ministerio Público conducirá las diligencias para determinar el lugar exacto desde donde se efectuó el disparo y la identidad del responsable.
Fuentes del Ejército identificaron al soldado como Isaías Valentín Ramírez Salvador, originario del caserío Las Vírgenes, en El Tumbador, San Marcos. La identificación no fue oficial en el momento de la publicación original.
Sáenz vinculó la tensión en San Marcos con conflictos comunitarios de larga data y con la presencia de estructuras delictivas de alto impacto. También afirmó que las fuerzas de seguridad y el Ejército han confiscado más de 7.000 armas en lo que va del periodo gubernamental.
El dato central es el descontrol armado en una zona con disputas históricas. Cuando el Estado necesita desplegar soldados para contener comunidades rivales y crimen organizado, la seguridad deja de ser abstracta. Se vuelve costo humano inmediato.
La prioridad debería ser clara: orden territorial, control efectivo y respuesta judicial. Sin eso, el aparato estatal sigue corriendo detrás de grupos con capacidad táctica y armamento de combate.