MEXICO (Pulso) — Confirmado. Gustavo Petro estuvo en un evento en México durante el XXX Seminario Internacional «Los partidos y una nueva sociedad».
Allí dijo que Venezuela le había entregado el petróleo al gobierno de Donald Trump. También afirmó: «Cuando Trump llega a los eventos y dice: ‘Es que nos ganamos el petróleo de Venezuela en un botín’, pues el hombre está diciendo la verdad».
La frase provocó una reacción inmediata. Jesús Farias, delegado del PSUV, lo increpó y le pidió que dijera la verdad. «Eso es mentira... diga la verdad que eso es mentira, lo que está diciendo», se le escuchó gritar. Luego añadió: «Tiene que decir la verdad... nos está insultando; el que tiene que respetar es él».
Más tarde, Tania Díaz abordó a Petro y lo llamó «Santander». Según la diputada venezolana, Petro no preguntó a Venezuela por «la canallada que acaba de decir ahora». Después, otra persona le gritó: «Falso, fariseo, hipócrita».
Petro también aseguró que los únicos que se defendieron el tres de enero, en medio de la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, fueron militares cubanos que hacían parte de su esquema de seguridad. Según Petro, Venezuela no se defendió.
El episodio muestra algo más que un roce diplomático. Expone el costo político de hablar con ligereza sobre petróleo, soberanía y poder regional. En una región marcada por la disputa sobre recursos estratégicos, cada frase pesa como un acto de política.
También deja al descubierto la fragilidad del discurso cuando choca con voceros de otros bandos. La defensa del petróleo y la verdad pública no admiten improvisación. Cuando el Estado y sus aliados usan esa retórica, terminan abriendo una pelea que paga la credibilidad de todos.