ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Confirmado. Nicolás Maduro y Cilia Flores comparecieron otra vez ante la justicia en Nueva York.
La audiencia se realizó en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, en Estados Unidos. Ambos enfrentan nuevos cargos asociados a una presunta conspiración para torturar a opositores políticos y militares señalados de actuar contra el régimen.
El juez federal Alvin Hellerstein llevó la diligencia. No hubo cámaras ni televisión dentro de la sala. El registro quedó en manos de bocetos hechos por la artista judicial Jane Rosenberg.
En esos dibujos, Maduro y Flores aparecen escuchando los cargos mientras sus abogados permanecen detrás. La nota de referencia los describe «visiblemente afectados» y «notablemente delgados».
Maduro calificó los cargos de acusaciones falsas. También se reporta que en la audiencia del mes de marzo fue visto relajado, sonriente, tomando notas y conversando con sus abogados. En esta última diligencia, medios internacionales relataron que se le vio inquieto e intercambiando comentarios con su defensa.
Flores, por su parte, fue descrita con otro semblante. La nota recuerda que hasta principios de octubre había pedido prisión domiciliaria por problemas cardíacos. También se dijo que estuvo callada y obediente con el juez durante la audiencia.
Maduro y Flores están encarcelados en una prisión federal de Brooklyn bajo un régimen estricto. No tienen acceso a periódicos ni a internet. Sí pueden hablar por teléfono con sus familias y sus abogados. En la audiencia del 15 de octubre se declararon no culpables.
El caso vuelve a poner el foco en el costo institucional de usar el poder para perseguir adversarios. Si los cargos se sostienen, el daño no es solo judicial. También alcanza la idea básica de que nadie queda por encima del debido proceso.
Para el lector, el dato central es claro. La justicia estadounidense mantiene abierto un expediente grave. Y la disputa por Venezuela sigue cruzando tribunales, poder y responsabilidad política.



