ARGENTINA (Pulso) — Confirmado. Entre 2010 y 2022, el riesgo alimentario severo subió en la Argentina. La proporción de hogares expuestos pasó del 7,9% al 9,5%.
La investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA también muestra un salto en volumen. Los hogares en esa situación crítica pasaron de 961.562 a más de 1.513.000.
Agustín Salvia, director del observatorio, dijo que cerca de uno de cada diez hogares enfrenta privaciones severas para acceder a alimentos básicos. El dato coincide, según explicó, con los niveles de indigencia informados por el Indec.
El estudio vincula el deterioro con causas estructurales. Salvia habló de alta informalidad, precariedad laboral y actividades de muy baja productividad. También señaló el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones y protección del mercado interno.
El informe añade otro dato incómodo para el aparato estatal. La asistencia directa y las transferencias de ingresos crecieron hasta cubrir al 38,1% de los hogares en 2025. Aun así, la ayuda no resolvió el problema de fondo.
Las peores cifras siguen en el norte. En 2022, el NEA marcó 15,8% y el NOA 14,2%. Pero el mayor deterioro ocurrió también en zonas más desarrolladas, como Mendoza, Santa Fe y el conurbano bonaerense.
Salvia sostuvo que la salida no pasa por sumar más planes. Dijo que hace falta generar actividades económicas, migración e inversiones. También advirtió que, sin programas sociales, la situación sería mucho más grave.
La lectura de fondo es clara. Más asistencia puede contener la emergencia. Pero sin empleo formal, inversión y productividad, el dinero de los contribuyentes solo compra tiempo.
El dato central no es solo el aumento del hambre. Es la persistencia de un modelo que empuja a más familias a la informalidad y a la dependencia. Cuando la economía no crea trabajo genuino, el costo social lo paga la sociedad entera.



