INTERNACIONAL (Pulso) — La OTAN aseguró que está preparada para responder militarmente a cualquier ataque contra uno de sus países miembros. El mensaje llegó en medio de advertencias sobre sabotajes atribuidos a Rusia y un riesgo de ofensiva limitada en territorio aliado.
El comandante supremo aliado, el general estadounidense Alexus Grynkewich, habló en el Foro de Seguridad de Varsovia. Dijo que la alianza cuenta con fuerzas convencionales, sensores avanzados y sistemas autónomos.
Grynkewich afirmó que una guerra con Moscú no es inevitable ni inminente. Pero sostuvo que la preparación militar es clave para evitar una escalada.
El general presentó la llamada «Teoría de la Victoria» de la OTAN. Dijo que, si un integrante es atacado, la respuesta buscaría detener la ofensiva inicial, debilitar al enemigo e impedir avances territoriales.
Según detalló, si la agresión continúa, las fuerzas aliadas podrían destruir unidades atacantes y sistemas militares de apoyo. También señaló que la respuesta abarcaría capacidades terrestres, navales y aéreas.
El despliegue efectivo de tropas dependería de decisiones políticas. Grynkewich reafirmó además el compromiso de Estados Unidos con la defensa colectiva.
Las declaraciones coinciden con denuncias europeas sobre operaciones encubiertas presuntamente vinculadas con Rusia. Entre ellas figuran incendios, intentos de sabotaje y amenazas contra instalaciones estratégicas.
La inteligencia danesa advirtió que Moscú podría usar drones de fabricación ucraniana para ejecutar ataques en Europa. Además, el portavoz de la OTAN, coronel Martin O’Donnell, dijo que los aliados refuerzan la vigilancia con sensores terrestres y tecnologías para detectar y neutralizar drones.
La red para conectar detección e interceptación todavía está en instalación. Y, según la OTAN, aún no derribó ningún aparato.
La lectura es clara. Europa acelera su blindaje mientras crecen los costos de seguridad para los contribuyentes. La disuasión vuelve a ser central frente a un Kremlin que pone a prueba las fronteras de la alianza.
También queda otra señal política: la defensa colectiva exige capacidad real, no solo declaraciones. Cuando el Estado falla en proteger el espacio aéreo y la infraestructura, la libertad y la soberanía pagan la cuenta.


