Confirmado. El FMI proyecta que el crecimiento mundial bajará de 3,5% en 2025 a 3,1% en 2026. Luego subiría a 3,4% en 2027.
La estimación para este año no cambió frente a abril. La de 2027 subió 0,2 punto porcentual. El informe WEO de octubre describe una economía «resiliente», pero desigual.
El Fondo atribuye parte del colchón al auge de la inteligencia artificial. También menciona medidas de apoyo fiscal y capacidad de adaptación de empresas y economías. Todo eso habría amortiguado el golpe de la guerra en Medio Oriente y las tensiones comerciales.
Según el FMI, la actividad en la primera mitad de 2026 resistió mejor de lo esperado. El organismo añade que la interacción entre geopolítica y tecnología produjo una economía mundial dividida.
Taiwán y Corea concentran el 62% del comercio neto de hardware computacional vinculado a la IA. China y Estados Unidos explican más del 75% de las importaciones netas de ese hardware en 2025. También representan el 57% de los nuevos data centers construidos desde 2024.
En el extremo opuesto, el FMI ubica a los importadores de energía con poca conexión a la cadena tecnológica. Para ellos ve la «configuración más difícil»: importaciones más caras, presiones cambiarias, ingresos reales más débiles y menor espacio fiscal.
La inflación mundial, según el Fondo, subiría a 4,7% en 2026 y bajaría a 4,1% en 2027. El comercio mundial también se moderaría.
La lectura es clara. La innovación premia a las economías abiertas y castigará más a las que dependen del Estado y de la energía importada. La ventaja competitiva vuelve a estar en la inversión, la productividad y la adaptación, no en la burocracia.
También queda otra señal. El dinero de los contribuyentes usado en apoyo fiscal puede amortiguar choques, pero no reemplaza crecimiento genuino. El FMI admite que la brecha entre ganadores y perdedores se está ampliando.


