La política exterior chilena enfrenta un año especialmente tensionado. Las fuentes mencionan las negociaciones con la administración de Donald Trump por los aranceles y el roce con Argentina.
La primera chispa vino por «la unilateral imposición de aranceles». La segunda, por declaraciones de altos funcionarios trasandinos sobre la soberanía chilena en el Estrecho de Magallanes. Luego apareció otro flanco: un barco de una naviera nacional está próximo a iniciar actividades comerciales con las Islas Malvinas desde Punta Arenas.
En ese contexto, la editorial de La Tercera cuestiona al ministro de Defensa, Fernando Barros, por sus dichos públicos. Según el texto, sus críticas a los aranceles molestaron a la embajada de Estados Unidos. También generaron ruido en Argentina sus comentarios sobre Malvinas y el control británico sobre las islas.
El texto añade que las Fuerzas Armadas chilenas realizaron masivos ejercicios militares en la zona del Estrecho de Magallanes. También señala ejercicios nocturnos con aviones F-16 cerca de Punta Arenas.
La conclusión editorial es clara: Chile debe defender sus derechos soberanos y el respeto a los tratados comerciales, pero por los canales correspondientes. La Cancillería y el Presidente de la República aparecen como las vías institucionales para ese manejo.
La lectura de fondo importa. Cuando Defensa habla como actor político, el Estado pierde claridad. Cuando la conducción civil se diluye, gana espacio la confusión entre estrategia militar y política exterior. Eso daña la disciplina institucional y expone al país a roces innecesarios.



