PANAMÁ (Pulso) — Confirmado. La demora en la ayuda ya provocó protestas en zonas rurales de Panamá.
En Torio, distrito de Mariato, moradores cerraron la principal vía de acceso. Reclaman asistencia tras quedar aislados por los daños en la carretera. También hay reclamos en Macaracas y Tonosí, en Los Santos. En Herrera, los pedidos llegaron a Los Pozos y Pesé.
Los residentes aseguran que los suministros no han llegado a sus hogares. Dicen que la ayuda se concentra en los principales poblados y centros de distribución. En algunos sectores, hasta la mañana del domingo 11 de octubre no habían recibido visitas de funcionarios ni entregas.
El terremoto de magnitud 7,5 dejó viviendas destruidas y daños considerables en comunidades rurales. El balance preliminar más reciente elevó a 840 las viviendas afectadas en todo el país. También reportó 419 centros educativos con daños y más de 1.200 personas directamente impactadas.
En Veraguas, el Ministerio de Obras Públicas identificó entre cuatro y cinco kilómetros de carreteras con deterioro considerable en el área de Torio. La Policía Nacional reportó operaciones en Torio y Malena para facilitar el traslado de equipo pesado.
En Los Santos, el MOP inspeccionó cinco puentes y varios tramos carreteros. Cerró el puente sobre el río Oria por daños estructurales. El paso quedó prohibido hasta nuevo aviso. Para ingresar a Tonosí, la alternativa es Macaracas–Llano de Piedra–Tonosí, solo para vehículos livianos.
José Raúl Mulino reconoció que los daños en las carreteras retrasaron el traslado de suministros. También aseguró que las entregas comenzaron desde el sábado. Dijo que helicópteros del Servicio Nacional Aeronaval transportaron agua y alimentos secos hacia Tonosí.
La escena deja una lección incómoda. Cuando la infraestructura falla, también falla el Estado para llevar ayuda a tiempo. La prioridad inmediata no es el relato oficial, sino abrir rutas, mover mercancía y proteger a las familias aisladas.
El costo recae sobre los damnificados y sobre el dinero de los contribuyentes. Sin carreteras operativas ni logística rápida, la respuesta pública pierde eficacia. Y en una emergencia, cada hora de demora pesa más que cualquier comunicado.



