ESPAÑA (Pulso) — Antony denunció en sus redes sociales que alguien entró en su casa mientras él estaba en La Cartuja. «Una noche que prometía ser brillante terminó convirtiéndose en una noche de rabia, tristeza y frustración», escribió en un comunicado.
El caso ya está en manos de la Policía. El jugador del Real Betis dijo que lo sucedido le dejó una fuerte sensación de inseguridad. «Es la sensación de inseguridad en el lugar donde deberíamos sentirnos más protegidos», lamentó.
El brasileño enlazó ese episodio con su infancia en São Paulo. En un relato autobiográfico de noviembre de 2022, contó que creció en una favela a la que llamó Inferninho. «Nací en el infierno. No es broma», escribió.
Antony recordó que, cerca de su casa, había tráfico de drogas. «A 15 pasos de nuestra puerta, siempre había traficantes de drogas haciendo sus negocios», señaló. También dijo que la violencia era habitual. «Estábamos acostumbrados a ver armas que ni siquiera nos asustaban», afirmó.
Uno de sus recuerdos más duros, según contó, fue hallar un hombre muerto cuando iba al colegio. «Cerré los ojos y salté por encima del cadáver», relató.
El fútbol apareció entonces como refugio. Antony dijo que empezó a jugar descalzo porque no había dinero para botas. También aseguró que su objetivo fue sacar a sus padres de la favela. «Mi único sueño era sacar a mis padres de la favela», explicó.
El caso vuelve a poner foco en una realidad básica: la seguridad de la familia y de la propiedad. Cuando falla esa protección, el costo no lo asume solo la víctima directa. Lo paga toda la sociedad.
También hay un mensaje de fondo sobre mérito y movilidad. Antony convirtió un entorno hostil en impulso personal. Pero su historia recuerda que sin orden, ley y protección real no hay libertad que alcance.



